sábado, 4 de enero de 2014

La Iglesia peca de hipócrita



Me preguntan por qué soy cristiana si no creo en la Iglesia, pero es que para mí la Iglesia no es toda esta trama corrupta en la que se ha convertido, a mí, este montón de conservacionismo y lo que él conlleva no me representa. Jesús sí fue un ejemplo a seguir, trajo ideas modernas incluso para el pensamiento actual, como la integración o la igualdad, esos valores aún tan machacados a día de hoy. Nos adelantó siglos, veintiuno concretamente, veintiún siglos de misoginia por parte de la cristiandad, de tortura "apoyada" por Dios, de acusaciones intolerantes y de imposiciones, y todo ello en nombre de alguien cuya única imposición defendida era que nos amáramos los unos a los otros. Jesús fue un progresista, feminista, integracionista y comunista, alguien a quien hoy defienden conservacionistas, machistas, racistas y capitalistas; jamás promulgó que la homosexualidad fuera una aberración, y siendo cierto que la homosexualidad no era un tema actual en aquella época, sí podemos afirmar que se codeaba con las minorías más desamparadas como los ladrones, las prostitutas y los leprosos. Nunca habló sobre el aborto ni los métodos anticonceptivos, no defendió la mayor importancia del hombre ante la mujer, ni que ésta no pudiera formar parte de los altos cargos de la Iglesia, de hecho, daba relevancia a las opiniones de las mujeres en un mundo en el que sus opiniones eran nulas. Tampoco entiendo por qué debo contar mis errores a alguien solo por que lleve sotana y por qué no puedo comulgar si no lo hago, Judas formó parte de la última cena y tenía mucho que callar.
Jesús fue asesinado por defender sus principios, y hoy en día tenemos todo un aparato dedicado a enseñarnos principios vendidos, la televisión. No sé si resucitó al tercer día y subió a los cielos, si convertía el agua en vino ni si curaba a leprosos y daba claridad a los ciegos, lo que sí sé es que falleció creyendo que si moría, nos dejaría un mundo más humilde y próspero, y nosotros (no sólo la gente ajena, sino sobre todo la Iglesia) nos empeñamos en demostrarle que murió en vano, mostrando una Iglesia corrompida y vergonzosa, y lo que es peor, una Iglesia no avergonzada.

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